viernes, 21 de febrero de 2014

Oromë & the hunter

Sin querer sentaba,
siempre alerta, siempre atento,
sin dejarse llevar,
sin diversión, sin sentimiento.
Vigilando la larga paz,
royendo por dentro
viejos odios y nuevos miedos.
Renqueaba de pereza,
frunciendo el ceño,
suspirando de impotencia,
cansado de la espera.
Quizás en su lecho
imaginase amenazas,
con demasiada ansia
escrutando desvelos.
Veía en las miradas
cien engaños
y un destello malvado
que no existía
pero surgió sembrado
por su indebida malicia.

Y cuando por fin cala
la duda, la desconfianza
y tanto reproche,
la traición cobra vida.
Quedando inaugurada la caza
del que por alumno tenía.
Y como un viejo lobo
que se propone
cazar a un joven oso,
el arco y la lanza coge.
Porque no dejará senda
sin recorrer,
ni musgo en los caminos.
Persigue el rastro
por la roca viva,
sólo estrellas de guía
por el agua olvidadiza.

Y al fin mata a la bestia,
pero no guarda trofeo.
Prepara una hoguera
que asusta al cielo
pero no deja memoria,
ni funde el hielo.

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