A veces siento la tormenta,
sin que esté, sin que arrecie.
va y viene, sin que escampe,
se esconde, como si no hiriese.
Se alza ingrávida, retumba y azota,
con pasmosa indiferencia,
como si al sol reverenciare
en ansia de desamor desdibujado.
Vientos de gacha cabeza embisten,
y la cascada carga ensordecedora.
Se desploma y ceden, en frenesí,
los muros por arena sepultados.
Danzando hasta el clímax, hasta su cenit,
la batalla se aleja del pueblo.
La tierra responde orgullosa y noble,
consciente del poder que esgrime.
Empujan, chocan, reina contra rey,
en un fragor bajo las olas muerto.
El mar ruge aún calmo y se divide,
mas la luna mantiene el cerco y oye,
en su anillo de hielo, cual emir,
a la infinita respiración recobrar el aliento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario