jueves, 13 de febrero de 2014

Responder con máscaras

Leyendo moría de pena
al ver las pobres palabras
que el pobre desgraciado
había olvidado en la vereda,
como una casa apuntalada,
expuesta cual cuadro sin marco
hasta la 'insaciedad', eternas.
Porque al final el escritor tiene
la más cruel pasión,
la premeditada, rayando la locura
e imbuida de ansia y temor.

¿Quién sabe si Ulises fue excusa,
mito, relato… u hombre?
Quizás fue un vecino molesto
que alguien quiso desterrar
de su jardín suficiente tiempo.
Quizás Alejandro, sí, el Magno,
fue campesino dedicado
con aires de grandeza.
Y día a día el César traicionado,
grabando su decepcionada faz
en la historia, de advertencia.

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