Cuando la ciudad se seca
y el hielo al temple
guarda el humo de mil desvelos.
Cuando el suelo tiembla
y el techo deja ver
la teja rota y cien agujeros.
Cuando la mano no llega
y resbala en el cristal
en que mi mejilla fría
choca su aburrimiento.
Cuando adoquines bajo la suela
y la brisa en desnudos árboles
son el único testigo.
Cuando alguien espera,
o echa de menos.
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