Esta ciudad sí que duerme,
aunque necesite pastillas
porque el despertador no falla.
Las avenidas volcadas
y las islas acumulan vacíos,
humedad, advenimiento.
Acomodadas como butacas
que crujen pero balancean.
Esta ciudad entre dos ríos,
que en vez de fronteras
parecen estrías.
Entre pactos y restauraciones,
entre formalismos
entre montañas tumbadas,
y cada consejero, cada delegado,
firmando su retirada.
Pero cada día
abre el mercado,
se alquilan depresiones,
compraventa de pieles.
Y entre todos,
a cual más inconsciente
el corsé apretando.
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