Estábamos perdidos en desiertos,
rozándonos en las brisas.
Horas insondables, días sencillos,
mañana de espera, noches de luz.
Nuestra respiración se estremecía
al amparo del vaivén
del calor de un cuerpo
y un sudor frío.
Buscaba en labios, mordiscos,
en la espalda, uñas,
buscaba quedar en blanco
e iluminar las pupilas.
Buscaba el temblor, la incertidumbre
de una noche sin madrugada
en temor constante
de quedar apagada.
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