domingo, 20 de diciembre de 2015

Pases

La noche es cerrada,
sus sombras se arremolinan
sobre sí mismas.
Pero en su quietud nada descansa.

El perro no duerme,
y en los callejones,
la ceniza precede a la antorcha.
Que, breve, incandescente,
en su fama se antoja
único faro en las tinieblas.

Una risa que lija la oreja
y alimenta el aullido,
limada en besos de preocupación,
olvida en el fragor de vasos
y quebrar de botellas,
su propósito.
Arracimados bajo neón,
somos únicos, últimos,
en desafiante brindis
a parpadeantes estrellas.

Soltamos palabras hasta entendernos,
en silencio premeditado,
más cansados que a gusto,
tragando efervescientes historias
tan absurdas como sus dueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario