Como alargadores,
sin saber cuánto,
sin saber hasta cuando.
Como uno que se mantiene
al filo, y falla.
Quebrado cual teja recocida
hasta que otra la sustituye
y no se ennegrece,
sólo refleja la corriente
que remonta y cruje.
Demente, desmantelado,
cuando se remueve la piel
pero no queda nada.
Inflados como globos
de mercurio,
buscando el molde,
acomodados en el espino.
Un camino de ascuas
y un cielo de cenizas.
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