martes, 13 de mayo de 2014

Riesgo

La brasa se acerca,
rodea los labios
y calienta la cara.
Pero no explota.
El frío, como retroceso,
eco del látigo
de un aire viciado.
Un reguero que resplandece
cuando la piedra muere,
quemada viva, humillada
en un sin fin de chispas.

Hoy ya no queda,
y cuanto más adentro,
más lo aborrezco.
Estoy harto de cascadas,
de perseguir constelaciones
entre nubes amarillas,
prendiendo instantes
como antorchas de la noche.

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