Sol de mirada triste,
cual bochorno que añoro
evapora mi llanto desnudo
e insiste en respirar humo.
La sal y el tequila
besando la herida
de una mano inerte
buscando vida.
Éramos borrachos
al son de olas perezosas,
de orgullo y vanidad.
Estábamos sordos
ante un mundo ciego.
Exultantes de envidia mórbida
y aún así,
pretendíamos dinamitar el lenguaje,
sabotearnos los complejos,
acompañarnos en silencios y desafíos
de ternura, de tortura.
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