El fantasma de un deseo
como grito ahogado
y temblor interno.
Un tropiezo tras otro
sin que queden piedras.
Tan sólo la insinuante sombra
de una trampa oculta
tras una verdad ausente.
Y en el desvelo de un sueño,
un minotauro enfermo
innoble bestia y peor hombre,
aún silba a la mañana.
Al alba, de desespero,
cruza el verde laberinto
a través de los setos.
Rasguño a rasguño
la madera llega al hueso,
la sangre tiñe las hojas
y la carne se desvela
ante un sol poniente.
Indigno monstruo,
ahora desfigurado,
parece al fin humano,
pero no libre.
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