Como de una guerra absurda
de la que nunca aprendimos
y llevamos al extremo.
Diez, treinta, cien, ¡tanto da!
Sólo hizo falta el ejemplo.
Quisimos ser los héroes
de asedios intangibles.
Perdurar en la memoria vana,
de la amnésica gloria,
como esclavo de un éxito atroz,
que nos otorga sentido.
Ora, todos somos griegos.
¡Grita!, la vida luchando,
¡respira!, la vida huyendo.
¡Reza!, los dioses cazando,
¡muere!, los dioses riendo.
Las descreídas, los ociosos,
las palabras de sobra
trabando los destinos.
Y el pasado como río
que arrasa, se desborda
hasta que al hombre extraña
su nombre y el espejo.
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