Como un gran tapiz
que se extiende
llenando de polvo
la sala y no deja ver.
La luz misma naufraga
contra esas diminutos
barcos alados, sin alas.
Una pantalla de maravillas
en espirales cerradas,
del caos, un espectáculo
y de la distracción, la nada.
Más allá de los pájaros,
y el ronroneo de los motores.
Alimentado de pasos ahogados
y el murmullo de los árboles.
Viento en los oídos,
la respiración que corta el aire.
Camuflado tras pensamientos
o el fluir de la sangre.
Nunca dispuesto,
siempre algo estorba,
o mejor, qué suerte,
que siempre algo esconda
el vacío que se cierne.
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